LOS NUEVOS
BURÓCRATAS DEL SIGLO XXI
Desde
la infancia, la mayoría de los seres humanos que residimos en un país que rige
su economía bajo las normas capitalistas, hemos soñado innumerablemente el alcanzar,
una vez lleguemos a nuestra edad productiva, la meta de establecer nuestro
negocio o ser profesionales independientes. Lo que llegue primero, es decir,
ser un hombre o mujer de negocios exitoso. Claro que se vale soñar, pero la
vida nos ensena que una cosa son los sueños de juventud y otra muy distinta es
la realidad.
Sin
embargo, en las últimas décadas, hemos notado el surgimiento y desarrollo
moderno de un nuevo fenómeno
socio-profesional de tendencia hacia la reversión. Sí, es la tendencia que
impulsa a aquellos hombres de negocios exitosos del sector privado a abandonar
sus sueños de la infancia, para convertirse en los nuevos burócratas del siglo XXI. Será por el amor que le tienen a la
patria?
De
acuerdo al Diccionario Manual de la Lengua Española (2007) el término burócrata
significa: ”Persona que ocupa un puesto en la administración
del Estado. Persona que pertenece a la burocracia (empleado). Funcionario,
empleado o administrativo.”
La masificación de estos nuevos burócratas, la
nueva clase que se incuba en la globalización, tiene como factor contundente y distintivo,
que ellos (los nuevos burócratas) solamente ingresan al sector estatal en
posiciones de mando y jurisdicción (ministros, asesores presidenciales, directores
de instituciones, asesores generales, jefes de divisiones, etc.) y desde donde
tienen acceso al manejo y disposición de unos de los tesoros más preciado para el
neoliberalismo: “las partidas presupuestarias”.
Otra de las características que llama la
atención de la ciudadanía, es que la nueva estirpe de burócratas convienen
complacientemente a ingresar al sector gubernamental devengando un salario de
burócrata, varias veces inferior al que recibían en el sector privado y con las
carencias que de todo tipo que se presentan en las oficinas del sector público. Será
esto una muestra de desprendimiento ciudadano? Una acción de beneficio social?
Suicidio profesional? No, es la respuesta que le da la mayoría de la ciudadanía
a estas interrogantes, porque la percepción que se tiene es que ésta es una fuente de negocios para el nuevo
burócrata.
Lo cierto es que cualquiera que sea el motivo
que haya incidido para que “el hombre de negocios exitoso” tomara la decisión
de convertirse en burócrata, nosotros el pueblo, esperábamos milagrosamente que
estos nuevos burócratas, los llamados júnior, trasladaran ese factor de éxito y
sus experiencias financieras de saber cómo ejecutar los presupuestos, al sector
público y esto se transformara en ahorros presupuestarios y administraciones
gubernamentales correctas y ejemplares. O sea, la erradicación de la corrupción
en el Estado.
La cruda realidad es que los resultados de la
gestión gerencial de estos nuevos burócratas, los júnior, han devenido con contadas
excepciones, en lesiones económicas contra el patrimonio estatal y la abismal acumulación
de sobrecostos. Deplorable, nociva y
criticable!
Este es un fenómeno de comportamiento económico-social digno de ser estudiado por los sicólogos, sociólogos, historiadores, funcionarios de instrucción y por qué no, por los auditores del Estado responsables de proteger el patrimonio público.
Este es un fenómeno de comportamiento económico-social digno de ser estudiado por los sicólogos, sociólogos, historiadores, funcionarios de instrucción y por qué no, por los auditores del Estado responsables de proteger el patrimonio público.
Cuando uno de estos hombres de negocios exitosos
es nombrado en alguna de las altas posiciones estatales, la cualidad más
importante que se le presenta a la ciudadanía, como la causa principal que
motivó su nombramiento, es que el nuevo burócrata proviene del sector privado y ha sido exitoso. Se entiende que él/ella traerá disciplina fiscal, financiera y
administrativa al sector gubernamental. Esto finalmente se convierte en un acto de falsas esperanzas.
La transformación e invasión de estos nuevos
burócratas (los júnior) es impresionante. Nos preguntamos cómo una persona que
ha administrado empresas y negocios de forma floreciente, tan pronto ingresa al
sector gubernamental, se le olvidan todas
las reglas y sistemas para administrar y cuidar el patrimonio estatal? Ah! La
excusa más común que estos nuevos burócratas y sus voceros presentan, es que la
administración gubernamental es muy diferente al sector privado y que nunca
pudieron entender la normativa que rige el sector gubernamental. Pareciera que
súbitamente la inteligencia y el olfato de probidad los abandonara desde el instante en que
son investidos como funcionarios estatales.
La actividad gubernamental tiene códigos, leyes
y reglamentaciones propias que determinan los procedimientos a seguir para la
conducción de sus entidades públicas. El sector privado también cuenta con códigos,
leyes y reglamentaciones. Ello no implica que la conducción de la gran empresa estatal,
llamada gobierno y que le pertenece al país, no se pueda basar en la
utilización de un símil financiero tal como se aplica en el sector privado.
Las teorías de costos, eficiencia, oportunidad,
rendimiento y probidad tienen la misma connotación en ambos sectores. Por qué
nuestro nuevo burócrata no aplica conceptos básicos de administración
financiera durante su efímera gestión en la administración pública? Nos
atrevemos a adelantar que todos coincidimos en la respuesta a esta pregunta.
Los hombres de negocios exitosos conocen a
profundidad que la figura del sobrecosto es inaceptable para mantener la salud
financiera de una empresa, el sobrecosto es considerado un pecado financiero en
el sector privado. Por ello, el sobrecosto se combate y se previene en ese sector
con fuerza y penas de privación a la libertad.
Con el fin de pasar de la narración de hechos a algunos actos reales de
aplicación concreta, de lo nocivo que ha sido para el país y los fondos
estatales la epidemia de “los júnior” en el sector público, ilustramos este
artículo con algunos ejemplos recientes de ineficiencia financiera en el sector
público, que afectan el erario y los dineros de todos los ciudadanos:
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A. En
Panamá existe una empresa llamada Tocumen, S. A. cuyo capital accionario
pertenece íntegramente al estado panameño y cuya función es
administrar el principal aeropuerto del país. De acuerdo a noticia aparecida en
el periódico La Prensa el 6 de julio de 2015 “el Aeropuerto Internacional de
Tocumen está operando a su máxima capacidad. La terminal aérea tiene 34 puertas
de embarque-desembarque más seis estaciones remotas, pero se estima que en
julio el aeropuerto manejará 48 aviones al mismo tiempo, entre las 4 a 9 de la
noche. La administración de Tocumen proyecta que para diciembre (2015) la
terminal aérea operará al 118% de su capacidad”.
O sea, desde julio de este año el
aeropuerto está operando con un déficit de 14 puertas de embarque-desembarque,
lo cual incide directamente en los costos operacionales de las aerolíneas, dado
que cuando las aeronaves están en la pista consumen mayor cantidad de
combustible. Esto es adicional a todos los inconvenientes que se les están
causando a los pasajeros.
Este aumento en las frecuencias de
vuelos que aterrizan y despegan del aeropuerto no se dio por arte de magia. Ha
sido un crecimiento paulatino y sostenido fácilmente predecible con estudios
estadísticos y simulaciones de crecimiento, pero los administradores de esta
empresa estatal, no lo previeron, no lo detectaron, simplemente les explotó en
la pista de aterrizaje.
Tardíamente, hace un par de años
atrás, la administración de Tocumen decidió que era el momento de construir la
nueva Terminal Sur, la cual adicionará 20 puertas de embarque-desembarque. Una
vez finalizada esta obra, cuyos cálculos conservadores estiman que será en cualquier momento de
2018, el aeropuerto constará con 54 puertas de embarque-desembarque. Si en
este momento el aeropuerto tiene un déficit de 14 puertas y en el 2018 se le
adicionarán 20 nuevas puertas, aritméticamente el problema estaría
resuelto. Sin embargo, ésto es una falacia e ineficiencia más de la
administración de Tocumen, ya que, las 6 puertas de embarque-desembarque
restantes serán insuficientes al ritmo del crecimiento real de esta terminal
aérea para el 2018.
Si esta fuera una (real) empresa
privada la cantidad de puertas necesarias para la nueva terminal hubiera sido
respaldada por un estudio científico y seguramente la cantidad de puertas de
embarque-desembarque propuesta sería mayor que las 20 puertas que ahora se
construyen. Antes que esta nueva terminal entre en operación la cantidad de
nuevas puertas de embarque-desembarque serán insuficientes y lo que procederá
será licitar la ampliación de las terminales o la construcción de una nueva.
El sentido común nos indica que si
la construcción se diera ahora, los costos para el Estado serían inferiores,
que si esta construcción se diera con los costos futuros de diez o quince años,
lo cual invariablemente sucederá.
Como si lo anterior no fuera una
muestra de incapacidad e ineficiencia gerencial, nos encontramos con el hecho
singular que la administración de Tocumen, se ha visto precisada en aumentar el
presupuesto para la nueva terminal, porque aunque parezca increíble, los planos
originales no contemplan la construcción de un pasillo que conecte la nueva
terminal con la terminal principal. Esto es increíble pero es cierto.
B. En el
año 2011 se dio un caso curioso de incapacidad administrativa y financiera en
el Distrito Metropolitano de Lima, Perú. La alcaldía de ese distrito aprobó la
ejecución de un proyecto cuya finalidad fue cubrir de arena las
piedras de la playa La Herradura, ubicada en el distrito de Chorrillos. Sí,
usted está leyendo bien, no tiene que limpiar sus gafas o lentes.
Como era de suponer en diciembre
de 2011 se produjo una marejada y en un instante acabó con tan novísimo y
deslumbrante proyecto. El mar se encargó de ensenarles a esto nuevos burócratas
una simple lección sobre el estudio de las corrientes marinas y las cuencas
oceánicas que debieron considerar antes de aprobar tan inusual proyecto.
En declaraciones a RPP Noticias de
Perú, la alcaldesa de Lima sostuvo: “que lo importante es rescatar el proyecto
de recuperación que se hará en ese balneario para que luzca remozado”. Además
reconoció que: “probablemente no se debió cubrir con arena las piedras de esa
playa y mencionó que ese fue un deseo suyo, dado que La Herradura nunca fue una
playa de piedras, sino de arena. Yo quise como alcaldesa que se pudiese cubrir
parte de las piedras con arena, no para la foto o para una intervención
cosmética. Esto tenía la posibilidades de durar hasta la época de Semana Santa,
si no hubiese venido un maretazo”.
Ante tales declaraciones no queda
mucho por agregar. Este tipo de experimento se hizo con fondos del Estado y más
que una necesidad de la colectividad, todo apunta a la realización del capricho
de un burócrata de nueva generación, cuyo singular proyecto debiera ser
investigado por las autoridades competentes para determinar si hay lesión al
patrimonio estatal.
La pregunta que se impone hacer
aquí, a esta nueva burócrata, es si la realización de dicho proyecto hubiera
dependido de sus fondos personales habría ella estado de acuerdo con su
ejecución?
C. En
marzo de 2015, también en Lima, Perú, ahora el alcalde metropolitano decidió
construir un tercer carril vial, en el circuito de playas conocido como la Costa
Verde. Sin tomar en cuenta los estudios de impacto ambiental, de protección
civil y el descontento de la ciudadanía, el alcalde mandó a plantar enormes
rocas sobre el lecho arenoso de las orillas de la Playa La Pampilla.
A finales del mes de abril de 2015
un fuerte oleaje no solo destruyó la construcción del tercer carril vial, sino
que además depositó las enormes rocas en el lecho marino creándoles un nuevo
elemento de riesgo a los usuarios de dicha playa. Todos nos preguntamos como un
funcionario puede comprometer los recursos del Estado, en un proyecto
insensible sin prestarle atención a la lógica y no escuchar la voz del pueblo,
destruir la playa que es un recurso natural que le pertenece a la colectividad?
Podríamos detallar una pluralidad de ejemplos en toda
América Latina como lo son los sobrecostos en la construcción de las
infraestructuras para el Mundial de Futbol realizado en Brasil en 2014, los
sobrecostos en la ampliación del Canal de Panamá, la inviabilidad de la
construcción de un nuevo canal interoceánico en Nicaragua, la dilapidación de
recursos en las concesiones mineras de Perú, los sobrecostos de las
privatizaciones de los servicios médicos en Chile y cientos de otros ejemplos
en donde se nota la mano astuta y apátrida de los “nuevos burócratas”,
generación que llegó para quedarse y hacerle daño a los recursos de los países.
Estos “nuevos burócratas” han de entender que aunque
ellos cuenten con vastos recursos económicos, influencias en el sector judicial,
poder sobre los entes fiscalizadores y el alineamiento de muchos medios de
comunicación; existe una clase de profesionales surgidos de las entrañas de ese
pueblo latinoamericano valiente que siempre estará vigilante y motivado para
hacer pública la inacción o la sobre acción de los “nuevos burócratas”. La
conciencia de los pueblos es soberana y no olvida, en el tiempo, castigará a
sus malos hijos y premiará a los buenos.
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